VANESA ALMEIDA QUEREJAZU
(VITORIA-GASTEIZ 10/09/1978)
Descubrí mi pasión por la vela a los 9 años, cuando empecé a navegar en el Club Náutico de Vitoria. Desde el primer momento en que tomé el timón, supe que la vela no solo sería mi deporte, sino también mi forma de vida. Gracias a mi dedicación y esfuerzo, logré cosechar numerosos éxitos como regatista: tres Campeonatos de España, un Campeonato del Mundo y la Preparación Olímpica para los Juegos de Sídney 2000. Como reconocimiento a mi trayectoria, el Consejo Superior de Deportes me concedió la Medalla al Mérito Deportivo en el año 2000.
Mi camino continuó en el ámbito del deporte paralímpico, donde asumí un papel fundamental como Jefa de Equipo y Entrenadora del Equipo Paralímpico Español de Vela para los Juegos de Londres 2012, en la clase Skud 18. Juntos conseguimos el primer y único Diploma Paralímpico Español en esta disciplina.
Lo más extraordinario de mi historia es que, durante toda mi carrera deportiva, mi vida laboral y mi formación universitaria, desconocía que tenía Trastorno del Espectro Autista (TEA), concretamente un Autismo de Alto Funcionamiento con Altas Capacidades. Enfrenté cada desafío sin saber el motivo de mis dificultades, superándolas con esfuerzo, determinación y mucho sacrificio.
En 2021, cuando por fin recibí el diagnóstico, muchas de las experiencias que habían marcado mi vida empezaron a tener sentido. Lejos de verlo como un obstáculo, lo acepté como una parte esencial de mi identidad. Aquello me permitió mejorar mi calidad de vida y transformar por completo mi forma de afrontar los retos.
Ese mismo año, mi vida dio un giro inesperado cuando, gracias a un curso de esquí de montaña de la Federación Cántabra de Deportes de Montaña y Escalada, descubrí la montaña invernal. Me fascinó tanto que me propuse un reto increíble: ascender el Mont Blanc y el Cervino en una sola semana. Lo conseguí en septiembre de 2022.
Poco a poco, una idea empezó a tomar forma en mi mente: ¿y si intentaba ascender una de las montañas más altas del mundo? ¿Y si subía un ocho mil?
Ese sueño, que al principio parecía una simple inspiración, se ha convertido en mi próximo gran reto deportivo y en el motor de mi proyecto: 8000 Sin Barreras. Con este desafío no solo quiero alcanzar la cima de una de las montañas más altas del mundo, desafiando la altitud, sino también romper con los prejuicios y barreras que muchas personas con autismo siguen enfrentando.
Mi ascenso será un símbolo de que el deporte es para todos, sin excepción.